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Autor: admin

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Última actualización: 7 Jul 2026


IVA soportado VS. IVA repercutido: diferencias

El IVA es uno de los impuestos que más dudas genera en empresas y autónomos, no tanto por su concepto general, que suele entenderse como un impuesto aplicado al consumo, como por la forma en la que debe gestionarse en la actividad diaria. Cada factura emitida o recibida puede tener impacto en la liquidación trimestral, por lo que conviene diferenciar bien entre IVA soportado e IVA repercutido.

Aunque ambos forman parte del mismo impuesto, no representan lo mismo para el negocio. Uno se paga al comprar bienes o contratar servicios vinculados a la actividad, mientras que el otro se cobra al cliente cuando se emite una factura. Comprender esta diferencia es esencial para llevar una contabilidad correcta.

Cómo funciona el IVA para empresas y autónomos

El IVA funciona como un impuesto indirecto que grava el consumo, pero empresas y autónomos actúan como intermediarios en su gestión. Cuando venden un producto o prestan un servicio sujeto a IVA, añaden el impuesto a la factura y lo cobran al cliente. Después, esa cantidad debe declararse ante la Agencia Tributaria.

Al mismo tiempo, cuando una empresa compra materiales, contrata servicios profesionales o asume gastos necesarios para desarrollar su actividad, normalmente paga IVA en esas facturas. Ese IVA puede ser deducible si cumple los requisitos legales, está relacionado con la actividad y cuenta con la factura correspondiente.

Por eso, la empresa no calcula el IVA trimestral mirando únicamente lo que ha cobrado a sus clientes. También debe tener en cuenta el IVA que ha pagado en sus gastos deducibles, ya que la liquidación se realiza comparando ambas cantidades.

Quién paga cada tipo de IVA

El IVA repercutido lo paga el cliente cuando adquiere un producto o contrata un servicio. La empresa lo incluye en la factura, lo cobra junto con la base imponible y después lo declara ante Hacienda.

El IVA soportado lo paga la empresa o el autónomo cuando compra algo necesario para su actividad. Puede tratarse de una factura de un proveedor, de un servicio profesional, de un gasto asociado al local o de una herramienta utilizada en el negocio, siempre que cumpla los requisitos para considerarse deducible.

La diferencia está en el papel que ocupa la empresa en cada operación. Cuando vende, cobra IVA. Cuando compra, paga IVA. 

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¿Qué es el IVA soportado?

El IVA soportado es el impuesto que una empresa o autónomo paga al adquirir bienes o servicios necesarios para su actividad económica. Aparece en las facturas recibidas y forma parte del coste inicial que asume el negocio cuando realiza una compra o contrata un servicio.

Para que pueda deducirse, no basta con que exista un pago con IVA. Es necesario que el gasto esté vinculado a la actividad, que la factura esté correctamente emitida y que el impuesto se registre de forma adecuada en la contabilidad. Si falta alguno de estos elementos, Hacienda puede cuestionar la deducción.

El IVA soportado aparece en las facturas de gastos y compras. Su importancia está en que puede reducir el importe final a ingresar en la declaración trimestral, siempre que tenga carácter deducible.

No todo IVA pagado por una empresa se puede deducir automáticamente. Debe existir relación con la actividad económica y la factura debe cumplir los requisitos formales exigidos. También hay gastos que pueden generar dudas por su uso mixto o por su difícil vinculación con el negocio, por lo que conviene analizarlos con cuidado antes de incluirlos en la liquidación.

El cálculo del IVA soportado parte de las facturas recibidas durante el periodo de liquidación. La empresa debe identificar qué facturas incluyen IVA, comprobar qué importe corresponde al impuesto y revisar si ese IVA puede deducirse.

La fórmula básica consiste en sumar el IVA deducible de todas las facturas de gasto del trimestre. Si una empresa recibe una factura de 1.000 euros más 210 euros de IVA, esos 210 euros formarían parte del IVA soportado, siempre que el gasto esté afecto a la actividad y cumpla las condiciones necesarias.

¿Qué es el IVA repercutido?

El IVA repercutido es el impuesto que la empresa cobra a sus clientes cuando emite facturas por operaciones sujetas a IVA. La empresa lo añade al precio del producto o servicio y lo recibe junto con el importe de la operación.

Aunque ese dinero entra en la cuenta del negocio, no debe entenderse como ingreso propio. La empresa lo recauda por cuenta de Hacienda y después debe declararlo en la liquidación correspondiente.

El IVA repercutido aparece en las facturas emitidas a clientes. Representa el impuesto asociado a las ventas o servicios prestados por la empresa, por lo que aumenta la cantidad total que debe pagar el cliente, aunque no aumenta el beneficio real del negocio.

Debe aplicarse correctamente según el tipo impositivo correspondiente y la naturaleza de la operación. Un error en el porcentaje aplicado o en el tratamiento fiscal de la factura puede afectar tanto a la empresa como al cliente.

También debe registrarse correctamente en la contabilidad. Cada factura emitida con IVA genera una obligación fiscal que deberá tenerse en cuenta en la declaración trimestral, incluso cuando la empresa aún no haya organizado internamente toda su documentación.

El IVA repercutido se calcula aplicando el tipo de IVA correspondiente sobre la base imponible de cada factura emitida. Después, se suma el IVA de todas las facturas del periodo para obtener el total repercutido del trimestre.

Si una empresa factura 5.000 euros más un 21 % de IVA, el IVA repercutido será de 1.050 euros. Esa cantidad deberá incluirse en la declaración, junto con el resto de facturas emitidas durante el mismo periodo.

Diferencias principales entre el IVA soportado y repercutido

Factura

La diferencia más visible está en el tipo de factura en el que aparece cada IVA. El IVA soportado se encuentra en las facturas recibidas por la empresa cuando compra o contrata servicios. El IVA repercutido aparece en las facturas emitidas a clientes cuando la empresa vende o presta servicios.

Contabilidad

En contabilidad, el IVA soportado se registra como un impuesto pagado en compras y gastos que puede ser deducible. El IVA repercutido se registra como un impuesto cobrado en ventas que debe declararse.

La empresa debe llevar ambos importes de forma separada, porque mezclarlos puede provocar errores en el cálculo final. Una contabilidad bien organizada permite saber cuánto IVA se ha cobrado, cuánto se ha pagado y cuál es el resultado real del trimestre.

Declaración trimestral

En la declaración trimestral, el IVA repercutido se compara con el IVA soportado deducible. Si el IVA repercutido es mayor, la empresa deberá ingresar la diferencia. Si el IVA soportado deducible es mayor, el resultado podrá quedar a compensar o, en determinados casos, solicitarse su devolución según el régimen aplicable.

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Cómo se liquidan el IVA soportado y el repercutido

La liquidación del IVA consiste en calcular la diferencia entre el IVA repercutido y el IVA soportado deducible durante un periodo determinado. En la mayoría de empresas y autónomos, esta operación se realiza mediante el modelo 303.

Cuando el resultado es positivo, significa que la empresa ha cobrado más IVA del que ha pagado en sus gastos deducibles, por lo que debe ingresar la diferencia. Cuando el resultado es negativo, significa que ha soportado más IVA deducible del que ha repercutido, por lo que la cantidad puede quedar pendiente para compensar en futuras declaraciones.

Para liquidar correctamente el IVA es necesario revisar facturas emitidas, facturas recibidas, tipos aplicados, fechas de devengo y posibles rectificaciones.

Ejemplo práctico de IVA soportado y repercutido

Imaginemos una empresa que durante un trimestre emite facturas a sus clientes por un total de 10.000 euros más 2.100 euros de IVA. En ese caso, el IVA repercutido asciende a 2.100 euros, ya que es el impuesto que la empresa ha cobrado a sus clientes en sus ventas.

Durante ese mismo trimestre, la empresa recibe facturas de proveedores por gastos vinculados a su actividad. El total de IVA deducible incluido en esas facturas recibidas asciende a 700 euros; esa cantidad sería el IVA soportado deducible.

Para calcular la liquidación, la empresa debe restar el IVA soportado deducible al IVA repercutido. En este caso, 2.100 euros menos 700 euros dan un resultado de 1.400 euros. Esa sería la cantidad que tendría que ingresar en Hacienda mediante la declaración correspondiente.


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